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martes, 18 de junio de 2013

EL NIÑO QUE PERDIO SU PASE DE FUTBOL.



Érase una vez un niño que le apasionaba el fútbol. 
Después de “papá” y “mamá” sus primeros sonidos inteligibles fueron “barça”. Curiosamente ninguno de sus padres fue aficionado nunca de ese club futbolístico.
Su padre, que es muy deportista y corre por caminos y montañas, lo hizo socio de un club amarillo que vivía cerca de su casa, al pueblo de al lado.
Con el paso de los años ese niño que radiaba sus partidos imaginarios en voz alta delante del ordenador de su padre, se puso a jugar en el colegio al deporte que amaba.
Empezó escondiéndose de la pelota en los diferentes campos de juego, aunque con su padre y su tío luchaba lo indecible.
Con los años comenzó a jugar sin esconderse en el medio campo. Daba buenos pases a sus compañeros de equipo, que además eran compañeros de clase y sus amigos.
Comenzó a asistir a ese campo de verde tapete, que con los años se estaba convirtiendo en la madriguera del buen fútbol. Se sentaba con su padre en los asientos altos de la gradería. Llegaba casi una hora antes del partido para ver salir a los jugadores amarillos y disfrutar hasta de su calentamiento.
reales.

Comenzó a aprenderse de memoria el nombre de los futbolistas amarillos. Los admiraba y aprendía de cada pase, de cada movimiento.
Tanto le gustaban que ya no quiso saber nada de ese club blau-grana que desde pequeño admiraba. Hasta los objetos que le regalaron por su primera comunión con esos colores, los abandonó en el fondo de un armario. Solo quería su bufanda, camiseta y gorra amarillas.
Sus amigos seguían siendo de ese equipo que decía ser más que un club pero su padre le enseñó que lo que estaba haciendo ese pequeño club amarillo tenía muchísimo más mérito.
Tan bien lo hacían sus futbolistas como los que mandaban,  que con poco dinero y una escuela con muchos  niños y de forma modélica, sabían comprar y vender con cabeza y sin ostentación.
Con los años una profunda crisis asoló el país del fútbol. No se pudieron hacer apenas fichajes y para que el campo siguiera lleno de gente a uno que mandaba  muy listo, se le ocurrió regalar pases a los niños de la provincia que practicaban fútbol. Eso sí, no podían fallar más de cuatro veces si no perderían el pase.

El padre y el niño ya tenían sus abonos de forofos pagados con su dinero para esa nueva temporada cuando recibieron el regalo del club amarillo: dos pases más.
El niño prefirió sus nuevas localidades, para estar sentado con sus amigos.
Y comenzó la liga, y llegó el  invierno con el frío y la lluvia. Los partidos de entre semana a partir de las nueve de la noche. El niño no quiso perderse ni uno. Seguía estudiando y entrenando más que nunca porque sabía que si sacaba malas notas su padre se podría enfadar y no llevarlo. Hasta el padre tenía que cambiar la guardia para poder asistir a todos los partidos y así no perder el regalo de estar su hijo con sus amigos viendo a los jugadores amarillos que tanto admiraba.
Pero las cartas de la vida a veces aparecen cambiadas, y la mala fortuna hizo que el padre, en uno de los partidos, con las prisas y el agobio de gente, se equivocara de pase y sacara de la cartera, donde estaban todos juntos la entrada que tenía el mismo nombre del niño. Pero no era el de regalo, era el otro pase. Ponía “cadete” en vez de “fútbol base”.
A partir de ahí cuatro veces más entró con el pase equivocado.
Claro, las máquinas solo saben leer. No tienen ojos, porque si no hubiesen visto que padre e hijo no dejaron de asistir a ninguno de los partidos. 
Para el club había fallado en cuatro ocasiones. Lo suficiente para cancelar el pase del niño, no el de su padre que entró siempre con el correcto para las máquinas.
Cuando del club al que pertenecía el niño, le comunicaron al padre la decisión de cancelarle el pase, el padre no daba crédito. No podía entenderlo. Si no habían fallado ni un solo partido. Ni siquiera la noche del Poli Ejido.
-Debe ser un fallo de las maquinas- pensó, para tranquilizarse. 
Días más tarde reordenándose la cartera se le hizo la luz y comprendió cual había sido su error. Rápidamente llamó al delegado del club para que lo hablara con el presidente. Estaba claro que lo iban a entender.
Pero no iba a ser tan fácil.
La administrativa encargada del club amarillo tenía órdenes de arriba de no atender a razones.
El padre, que se dedicaba a curar huesos, dejó su hospital para presentarse en la casa amarilla personalmente. Era un asunto lo suficientemente importante para su hijo como para solucionarlo personalmente.
Allí en la casa amarilla se presentó el padre. No tenía cita. Le atendió una simpática mujer que miraba con cara de lastima y de resignación al pobre padre que se había dejado su trabajo para tratar de solucionar su error.
Y es que la semana anterior en un partido muy importante de liga europea la entrada de su hijo invalidada se la habían vendido ya a otro  señor. Y tuvo el padre que cederle el asiento. No debía volver a suceder, porque ahora venía el club azulgrana y eso traería muchísima gente al campo amarillo.
Hasta en dos ocasiones tuvo que llorar allí en la puerta del club amarillo, pero nadie importante le vio. Su llanto no tenía consuelo en su alma 
Por casualidad, pasó por allí un antiguo conocido del padre que trabajaba en la casa amarilla y le explicó el caso.
Todos lo entendían pero nadie podía solucionarlo.
Y al final, el niño que tanto gustaba ver con sus amigos, a los futbolistas amarillos, en la madriguera del buen fútbol; se tuvo que ir a su antiguo asiento de pago con su padre, sin sus amigos.
Su padre le dijo que tuviera fe y creyera en los milagros.
¿Y es que acaso la casa amarilla no es un milagro?


                                                                                  Damian Oliver Benlloch.

Este cuento está basado en hechos 

PINCELADAS DE SEMANOLOGÍA


Aquí  estamos otro día más. Sentados en la mesa de la Cafetería del hospital.
Mesa de Sabios de la vida.
Son ya las ocho de la mañana. Demasiado tarde para dormir. Muy temprano para trabajar. Ideal para soltar la sin hueso frente a un café de la barra del bar. 
Ni los hielos, ni la leche lo exoneran de su sabor.
Oscuro como el veneno más tiznado. Cicuta dice Ximo; experto  en la bioquímica y funcionamiento del cuerpo humano.
 Alfonso le da vueltas con la cucharilla para ver si mejora sus propiedades. Pero no, sigue   siendo insufrible. Castigador. Omnipresente catalizador del protocolario encuentro de la especie humana.
Un servidor desparrama su aceite de sobre virgen extra sobre la tostada zapatera ante la atenta mirada del grupo.
Liturgia de batas blancas. El gueto  frente a la Sabana de la vida y sus especies.
Hay que tomarse la dosis justa para seguir comentando los días. 
La cuenta atrás ha comenzado. El tiempo con su compás inexorable no da tregua.
- Ya es lunes. Por fin es lunes. Que gustazo madrugar para matar el ocio insano con el trabajo venial de cada día. Sin sudor en la frente, con la perra cada vez más chica. Nos comemos las migajas de pan que nos dejan los herederos del Rico Epulón.
- Martes, ya va decayendo la semana.
- Ya es miércoles, parece que la cuesta abajo nos lleva  al vértigo de la caída libre.
- Jueves,  ya se nos va la semana en contra de nuestra voluntad.
- Que aciago es el viernes. Ya no  nos veremos hasta el lunes.

Miradas de soslayo. Risas tontas ante el cristal que lo envuelve todo. La luz quiere entrar con el calor, pero el frío acondicionado no la deja pasar.
-¿Cómo está hoy la jungla? 
Las ropas van haciendo su recorte particular con el avance de las calendas de Mayo, para mostrar la nobleza percherona. En el Serengueti cualquier excusa es buena para torcer el cuello y cruzar la mirada en gesto depredador de macho ibérico sutil ante el impala desguarnecido. 

Lengüetazo inconsciente  Oliveriano que se relame. Sonrisa cómplice Navarra. Resoplido argumentado del Berro. Mirada enigmática de Tello. Ximo maneja el tempo y su compás. Complicidad enteléquica de Lara. Don Enersto sube la temperatura del gallinero futbolístico y nos introduce en el infra mundo de las pasiones . ¿Alguien da más? Claro. El emprendedor  por antonomasia; Manolo Climent. No bajes la guardia o caerás en su negocio. 
Todo es turbio como el café de Rafa, el camarero afortunado, feliz y realizado en su trabajo. Como sus pasos de condena hacia el cadalso de la barra. El reo mira al suelo resignado en su marcha cadenciosa revestida de uniforme Luis Marza.
Ya estamos todos, Pepe Moles y Medina aportan su evanescencia intermitente de su ausencia no programada.
Enrique nos recuerda y le esperamos en su corta ausencia.
Donde está el Xerif. Ha colgado su chapa y el cuchillo. Ya no dispara palabras encadenadas para monopolizar la mesa. Se ha ido a la reserva. La tercera fase.
Ahora descabezados nos sujetarnos la testa con ambas manos para no perder el sino de la justicia, la ley y el orden. ¿Donde está el rumbo? Seguimos navegando hacia ninguna parte.
Desorientados tomamos otro sorbo del brebaje que poco a poco, gota a gota; nos lleva hacia el sinsentido del todo o nada. Hacia la tumba.  Hacia el júbilo dichoso de la jubilación.
Día a día, semana a semana... Inexorablemente.
Sorbo a sorbo.
  
Damián Oliver. 
Escrito en un aciago día viernes del Señor  14 de Junio de 2013.



Discurso Jubilación Don Eduardo Martí.





Estimado Don Eduardo :
Cuantos ratos que hemos compartido en estos últimos más de 10 años!
Cuantos momentos ha compartido en estos últimos más de treinta!
No hace mucho, y ya van para doce años cuando vine aquí después de cruzar la frontera del Ebro y abandonar tierras catalanas, aquel cercano Agosto del 2001.
Venía de una formación dictatorial. De una larga residencia MIR forjado en la más estricta disciplina para aterrizar en este, nuestro querido y peculiar hospital. Ahí  estaba usted, con don Enrique Uzqueda; amos y señores del cotarro traumatológico Hp. 
Ahora que vamos intimando, permítame  que le tutee.
Cercano, campechano , valenciano de Xátiva, socarrat. Con ese acento amigo y de conversación afable. Supe enseguida que más que un jefe ibas a ser un colega.
Don Eduardo, Eduardo para los amigos, jefe para muy pocos. Tertuliano del café de la mañana en la mesa de los sabios. Siempre antes de las ocho.
Porte de actor de cine en blanco y negro. Errol Flynn parecías.
Detective en París con tu gabardina color hueso. Hasta te detuvieron por error ... y es que tu apariencia de espía cinematográfico levantaría sospechas hasta para la Interpol.
Francófono de ideología. Seguidor y admirador de la cirugía ortopédica francesa.
Coleccionista de la Enciclopedie medico quirúrgica. Asiduo anual de París, hasta el punto de la casi doble nacionalidad.
Fiel hasta la jubilación a Ceraver y Link. Monseur Ximel y los hermanos Gálvez.
Compañero y amigo de mesa de grandes maestros internacionales de la ortopedia como:
Rafael Orozco, Cabanela, García  Cimbrelos, Antonio Murcia, Agustin Blanco, Simon Campos, Palacios Carvajal, Monseur Blancar,  Gutalie y Robert Judet.
Amante de la buena compañía, del buen comer y del mejor vino.
Cuantos viernes hemos compartido mesa en restaurantes de Castellón acabando con el profesor Broch chapurreando francés etílico.
Cuantas historias de tus urgencias hospitalarias Hp color sepia a ritmo de campana y tapete.
- A mi edad sexagenaria, que me queda sino son estos momentos y una agradable compañía. Solías decirnos.
De andares característicos por tu avanzada gonartrosis, mucho más patológica que la de muchos pacientes que operaste. Te gustaba presumir de ello.
De discurso prolijo, de ideas encadenadas hasta casi ritmo de tocata y fuga daliniana. Jovial como pocos hasta que la preocupación del paciente complejo te nublaba el entendimiento y la obsesión  por resolverlo te llevaba a tratar de arreglarlo en el quirófano.
De bisturí veloz. Asombroso a veces, como aquella amputación del quinto radio de la mano en cinco minutos o una liberación del nervio cubital en tres minutos y sin tijera, a punta de bisturí.
Curiosamente algún bromista del servicio te ha comparado con Manostijeras. 
El gesto de pericia y virtuosimo con la tijera para la meniscectomía y sección del ligamento cruzado posterior quedará en nuestro recuerdo  imborrable.
De práctica resoluta en la consulta.
La historia clínica escrita solamente un trámite, un obstáculo para tratar de explicar al paciente lo evidente.

Eludiste las ínterconsultas por decreto. Acababas la consulta antes que el horario previsto, y eso que los veías dos veces. Visita y radiografía. Eso sí, nunca fue el número lo prioritario. Más bien pocas y escogidas, que para eso eras el jefe. 
Ojo clínico envidiable para derivar a donde corresponda. Laboral, a su mutua; raquis al general, infantil a la Fe.
De pocos rodeos con el enfermo, directo con tus incondicionales.
No era lo tuyo la escritura. La literatura solamente para la lectura de la historia de España y Universal en La Paz del hogar.



Químico de comienzo, médico de circunstancias, traumatólogo de ejecución.
Anti político de discurso, quizás político de vocación. 
Políticos. Los conocías y los sufrías desde el odio más visceral hasta el abrazo del padrino. No era tu especialidad en la consulta tratarlos, sobre todo si venían recomendados de dirección.
Sindicalista por accidente. La mutua nunca fue tu casa. Si lo fue el Hospital. 
Venías de tus problemas con el mundo. Te desahogabas con nosotros y ya estabas mejor, poco a poco. Aunque ya nos supiéramos de memoria tus cuitas con los vecinos por repetición,  un mantra que te ayudaba a sanar. 
No necesitabas psicólogos. Nos tenias a nosotros. Éramos tu confesor. La confianza máxima hacía  que, como un matrimonio, no hubieran secretos entre nosotros.
Éramos un equipo. En el quirófano seis u ocho manos sincronizadas. Fuera un equipazo.
Tus frases célebres siempre repetiremos:
-Al revés te las calces amigo Garcés.
-En casa tengo un libro que lo pone.
-Tiene derramé, estaba indicada.
-Esta peor que la Rx, mucho mejor que la mía 
-No hemos venido a luchar contra los elementos.
-Tota pedra fa pared.
-Es lo que me pide.
-Ya se está relajando
-Me la habéis puesto como Fernando VII
-Me arriesgare. 
-Quina carnicería!
-No le quitemos al señor lo que traía de casa.
-Traía varo, pues valgo. Valgo, pues varo. 
-El cemento hará el resto.
-No se la acabará.
Las nuevas tecnologías llegaron tarde para ti, pero no tardaste en subirte al carro, hasta utilizar el ordenador más que el despacho.
Comenzaste como "Edupiscinas @" organizando el congreso mejor gestionado en lo económico de toda la historia de la SOTOCAV y acabaste abriendo perfil en el  Facebook para mostrarte al mundo, lanzando proclamas políticas contra la clase gobernante ante la actual coyuntura compleja de crisis y recortes sociales y sanitarios tan injustos como imposibles.
No he sido tan breve como te hubiera gustado. Te pido Perdón por ello don Eduardo.
Y tranquilo jefe, que lo de la conferencia de la Sindone ya está olvidado.
Don Eduardo; siempre estarás con nosotros. Y con tus pacientes, siempre te recordaremos.
Atentamente.
Castellón, 10 de Mayo de 2013.

martes, 11 de diciembre de 2012

DESDE LA ACERA Y A PEDALES

CRONICA DESDE LA ACERA Y A PEDALES.

Lo primero que tengo que recordar, a los que no me conoceis, es que una inoportuna lesión de rodilla me ha impedido lidiar la batalla de la Maratón y contarla desde el asfalto, así que me he permitido la licencia de hacerlo desde la acera y a pedales.
Aunque para ser sincero, mi objetivo de este año era luchar por la Maratón de Valencia y tratar de atacar el record del club.
No me imaginaba que iba a ver lo que vi, por eso me hace ilusión contarlo.

Ocho y cinco de la mañana. Cafetería del Hospital Provincial. Llego a lomos de Akila, mi potro de aluminio Azul y negro.
La misma Nela que me sirve a diario el primer cortado de la mañana me lo sirvió tarde, poco antes de ir a hacer la primera foto oficial del Amics del Clot ante la estatua Hechicera de Ripolles. Tarde, porque estuve saludando a la peña Clotera y me llevé la primera sorpresa del día. Estaba yo mucho más eufórico que vosotros.
Sí, acojonados estabais todos tomando un brebaje que quería sacaros del abismo. Esa bebida euforizante que gusta tanto al ser humano y más al corredor, avalado por los muchos y variados estudios y escritos de consumo universitario y quiosquero.
Y me hizo pensar.
-Jo!, yo aun estaría más acojonado que ellos.
Yo, que me tomaba lo del correr tan en serio que me molestaban hasta las fotos para no perder ni un segundo el rictus de concentración ante el cronómetro.
Pero hoy, los papeles están cambiados. Yo voy a ser el pesado de la camarita y de las palabras fáciles, que nada tienen de complicado si se dicen a menos de cien pulsaciones y no a más de ciento sesenta.
Iba a ser… porque al final tire la camarita al carajo, pero ya os contaré.
Yo, que visitaba a Roca hasta dos veces antes de una gran cita, y a veces me veía obligado a abonar los campos de las montañas previo al pistoletazo; estaba tranquilo.
Yo, que me he sentido más indispuesto ante una carrera que ante el mismísimo examen de oposición MIR; estaba tranquilo.

Ocho y quince. Foto oficial. Repetida por enésima vez, porque siempre faltaban cloteros que se incorporaban. Me recordó la aventura de los payasos, donde Fofo y Miliki eran fotógrafos de Gaby, y antes del disparo siempre llamaban al timbre, hasta que al final, después de sucesivas interrupciones, aparecieron sobrinos, primos y hasta la abuela.

Ocho y veinte. El pelotón de corredores se encarama hacia el patíbulo de salida.
Sí, parecíais los reos condenados a muerte. Cabizbajos y a paso lento, cargados de recuerdos de vuestro entrenamiento reciente. Cuantas horas, cuantas noches, cuanto frio, cuanto sol y hasta lluvia, cuantos madrugones, cuantas comidas a medias, cuanta siestas sacrificadas, cuanto sudor, cuánto dolor, cuanto cansancio…Todos hacia la ejecución de salida.



Y me acordé de mi primera Maratón, antes de la salida. Me acordé de la gran congoja y el puñado de nervios que me acompañaban. Desde fuera no se entiende ni se comparte.
El que mira y aplaude de la calle, no tiene ni puta idea de por qué esos locos van en manada un domingo por la mañana temprano; desafiando el frío con tirantes y pantalón corto. Sin ganar nada más que un palizón de sudor y de pago. Eso sí, por desgracia los tienen que sufrir en sus casas. Por eso van a apoyarlos en su locura. Todos están contagiados. Y no es un virus. Es una plaga.
Yo, tengo ganas de bromear y nadie me sigue. Nadie bromea ante el martirio, o esta vez ¿será la gloria?

Ocho treinta. Allí, sobre la acera, enfrente del puente de la UJI, se sueltan los primeros nervios en forma de trotes desenfadados, ligeros de ropaje, a pesar de que el frío de la mañana de Diciembre pone las orejas tiesas, enrojece la nariz y hace escocer los brazos y piernas desnudas.
Seis grados Celcius marca el termómetro.
Los fotógrafos profesionales ya están por allí y muestran sus acreditaciones orgullosos. Jorge Romero está entre ellos.
Fotos y video. Pancarta de Amics del Clot. Ultimas palabras de los familiares valientes que arropan al reo hasta la plaza de ejecución.

Los africanos de enjutas carnes negras van a otro ritmo. Calientan con calma pero con frío, sin exhibiciones. Tienen más de cuarenta kilómetros para exhibirse. Con rostros gélidos más que de susto, se resguardan de los simpáticos blancos que les quieren sacar una sonrisa y de paso una foto. Pero ellos no son de aquí. Su reino no es de este mundo. Corren para ganar, pero sin acritud. Porque así lo quiso Dios, eso no va con ellos. Los laureles son para otra raza.

Ocho cuarenta y cinco. El micrófono de ambiente recuerda a los corredores que vayan entrando a sus cajones. Hay que tener cojones- con perdón- para meter a dos mil tíos, en compartimentos estanque, siguiendo las reglas del juego.

Ocho cincuenta. Se piden aplausos para los corredores, que apenas saben aplaudir, porque allí están para que los aplaudan.
Se pide aplausos al público, que está allí de casualidad o por obligación y tampoco están para que un señor desde la autoridad que confiere un micrófono, les obligue a aplaudir para calentar el frio.

Ocho cincuenta y cinco. Suena carros de fuego.
El que está a lo que está debería sentir escalofríos. Yo como estoy allí de mirón no siento nada.

Las nueve. El pistolero y alcalde Bataller apunta al cielo. Pum…
Y la miríada de corredores empezáis a correr como cuando abren las puertas del manicomio. O las puertas de las rebajas de los grandes almacenes en Enero.

Libres por fin. Se acabaron los nervios, las prisas, el mal fario y comenzáis a sentir el asfalto desnudo bajo vuestras zapatillas de cien euros.

Para mi empieza el otro complicado viaje sobre las dos ruedas. Hacerme sitio entre el tráfico, los espectadores, las aceras y los organizadores para rodar en equilibrio a ritmo de paseo ciclista.

Kilometro uno. Ni lo veo ni lo siento. Voy por el asfalto de los corredores. En busca de camisetas blanquinaranjas.
Procuro no atropellar a los atletas ni que ellos se me echen encima. Ahora la euforia de los corredores es muy superior a la mía.
Me siento como elefante en una cacharrería.
Os veo, vais en grupetos. Serenos. Tranquilos, hablando poco. Corriendo bien, sin prisa. Tan separados en el asfalto como son las aspiraciones en el reloj. Vais tiñendo la ciudad a cuadros naranja.

Kilometro trece. Nadie ha llegado. Soy el primero. He callejeado de forma tramposa y me he situado aquí.
Voy a intentar hacer mi reportaje fotográfico. ¡Cagada!
Primer error. La elección de la cámara. Escogí una compacta ligerita, que hacía tiempo que no utilizaba y la cagué.
Veo por el frente la embestida africana en punta de flecha. Se dirigen, rodeando a un pobre blanco, con cara de estar mal acompañado, a poco más de tres minutos por kilómetro. Un ritmo que no mata a muy pocos. Todos vuelan hacia mi objetivo fotográfico.
¡Flash!, foto. Agua… quiero decir asfalto. Yo juraría que habían pasado. Cuando me doy cuenta ya han girado la rotonda y me dejan otra oportunidad. ¡Flash!… El sol me la quema.
Y así me doy cuenta -cuando ya he disparado hasta para cazar al mítico Martin Fiz- que el lugar no es el apropiado ni yo soy fotógrafo.
Espero a los Cloteros. Albert…
-Che, ¡que te furtaran la bici! Me espeta con certeza al ver tan lujosa máquina aparcada en la acera, a más de diez metros de mí.
La pancarta de 2.45 que estuvo conmigo hasta la obsesión casi toda la carrera pasada no la veo, o ¿no existe este año?

Alguien me saluda con modestia y lo veo deslizarse con su enjuta figura de blanco medicina sobre el asfalto, cerca de la mediana de la ronda. Es Pep Moles. Ya no me acordaba de él. Siempre tan humilde…

Miguel Ángel…Pancarta de tres horas. David, Ramón Peris. No hacen cara de ir de copas. El tándem Rafa y Guillem. Sincronización perfecta. Rictus profesional.
Adrian, Vicent Borja. La veteranía y el saber estar al poder. El grupeto de Olalla, Toni y Rufino, Domingo, Paco Nebot, José Luis, Recátala, Manolo, Pedro, Vicent Martí, Ramón Castillo, Oscar, Pepe, El Presi, Manolo Ríos, Juanlu, Salva Tello y tantos otros que ahora me dejo en el tintero y que guardo en mis retinas. Gente que veo vestida del Clot y no sé ni que existen y ahí están, dando la cara con honor.
Seguro que habrán participado mucho más que yo este año de las salidas domingueras.

Kilometro quince. Después de mi experiencia desastrosa con las fotos decido hacer lo que mejor se hacer, correr. Y de paso darle un poco al palique.
Como reportero de guerra me muevo entre la tropa y los cadáveres. Eso sí, sin cámara ni grabadora. Solo mi retina enfoca para luego contar esto que os digo.
Manolo Vidal -camino del quince- me da conversación, o yo a él. El, a cinco cuarenta y cinco por kilómetro, yo en paralelo a la sombra de los edificios sin coches.
Camino del Grau, unos cuantos de la tropa han desfilado por el 16. Tomo la mediana del TRAM y unos Nacionales me recomiendan que no pise el asfalto de los corredores. Veo al Boti, a Peiracho y a otro biker de Burriana y me voy con ellos.
Albert ya viene de vuelta más allá del 22.
-Estic trencat. Su ritmo ya no es asesino. El pinchazo y el martirio hasta meta no ha hecho más que comenzar. Herido de muerte le hago una foto.
El tándem Rafa- Guillem no pierde aceite.
Miguel Angel consigue distanciar a las tres horas. La persecución no tiene tregua.
El león no tiene ganas de rugir. Ramón Peris pone cara de penitente insurrecto hacia el comienzo del cambio metabólico. Engullidos ambos por los aspirantes a sub-tres.

En dirección hacia la ciudad, los legionarios de las 3.30 rugen en silencio detrás del pulso firme y el paso marcial de un gran guerrero, Jose Alberto.
Mi saludo al cielo proclamando su nombre es de clamor por la cara de felicidad que muestra el héroe del Clot, ante cuya sola evocación toda rodilla se doble.

Cambio de registro y de sentido. Sigo a Salva Tello. Su ritmo es más sabrosón:
-No tens, Nolotil, Ibuprofeno o réflex.¡ Bon metge eres tú! Me suelta con sorna y socarronería.
-Ya te buscaré alguna chicona pa que te pegue dos flitaetes a on tu li digues. Respondo para mis adentros.
El presi, Oscar Marco, Pepe y más; siguen separados del cartel de las 4 horas con solvencia. Manolo Muñoz me saluda con desvío de la trayectoria recta del paseo del Grao para evacuar aguas menores y así equilibrar la homeostasis de la maquinaria.

Media maraton. La vuelta a Castellón después de la Mitad de la carrera se presume algo más dura que la bajada. El sol sigue brillando para regocijo del calvario que aun no ha comenzado para muchos. El hombre del mazo duerme agazapado para salir un poco más adelante entre las calles de la ciudad despierta de Domingo.
Es el tramo más crítico. Donde Manolo Vidal vuelve a aparecer a mi lado.
-No puc menjar res. Me lo dice con un plátano sin pelar en una mano y una botella de líquido en cada mano. O tiene tres manos o repite con una. Curiosa la imagen.
Más curioso resulta el comentario al cruzar la rotonda del Tombatossals y tener que escuchar de una señora de mediana edad decir a un niño supuesto familiar suyo:
-Mira eixe home ja es molt major. Refiriéndose al jabato de Manolo, que está hecho un chaval; rivalizando en fuerza con el gigante de hierro que dejamos atrás con la roca en todo lo alto.
No sé si se ríe más el o yo. El, porqué se da cuenta de que no es un chavalín, y yo por la inoportunidad de la sentencia para un gladiador que se está batiendo en el asfalto con gente mucho más joven y también más mayor.
Veo sufridores del Clot con la pancarta a cuadros cerca de Maria Agustina. Es un “deja vu” o “el día de la marmota”.
¿Cuantas veces diría yo que hemos pasado por un sitio parecido?
Camino del muro. Antes del treinta y tres, Olalla marcha arropada por los hermanos Fernandez, a buen paso. Solapado a ellos un veterano de A quatre pelat me saluda. Es Paco el incombustible. El marido de mi ex enfermera de consultas Espe. Más de cincuenta y cinco primaveras sobre su columna lumbar atornillada con doble barra de acero. Merito por su trayectoria y heroicidad o inconsciencia, por su acto de desobediencia civil mantenida a su cirujano.Volvio a correr hace años en contra de su prohibición absoluta.
Con Vicent Martí ya me confesado antes y le doy la absolución para que muera en paz. O eso creo.
José Luis bracea sin dificultad pero lleva metido el cuello como una avestruz, huyendo del peligro de minas que va a cruzar, camino del treinta y seis.
A Paco Nebot le molestan hasta los calcetines, o unas medias tipo tubilast que son como las medilast, pero de crisis.
La cara de satisfacción está por encima del campo del terror, donde abundan los muertos vivientes, plantando cara al tío del mazo que está aupado en el muro. Viéndonos llegar.
Yo trato de mirar al asfalto y a los lados para ver si hay levantada una pared, pero no, no la veo. En bicicleta los muros tienen otro nombre, creo que les llaman puertos y no hay veleros.

El final.Creo que me quedan los tres kilómetros finales. Ya no pillo a los primeros, que se han tomado la primera cerveza a su salud. Tampoco a los galgos del club.
Me he entretenido demasiado.
Los últimos kilómetros los dejo para la gloria efímera de los finishers. No quiero contaminar el paisaje con las ruedas que no pintan nada ante tanto esfuerzo pedestre.
Dejo la calle libre a los fotógrafos para tomar las instantáneas más logradas del concurso.
En el enrejado de Ribalta os veo sudorosos y con toallas, y no son de playa.
El león David jura que nunca más. Creo recordar que fue lo primero que dijo el año pasado Albert después de correr en dos cuarenta.
También me suena a mí la frase cuando acabé pajeado en Valencia hace más de 2 años, después de ir sonámbulo durante los últimos 7 kilómetros y parar el reloj en dos cuarenta y ocho.

Felicitaciones y whasApps a punta pala, pero yo creo que me he merecido un buen pincho de tortilla. A vuestra salud me lo sirvió Nela en la cafetería del Provincial. Esta vez sin prisa, pero sin pausa no sea que se me junte con la paella. Lo que va davant… va davant.

PD: Desayunando el lunes he podido felicitar a mi compañero el Doctor Pep Moles que a la chita callando a puesto en evidencia a nuestro fisiólogo de cabecera. Le pronosticó cuatro horas y ha bajado por cuarta vez de las tres horas. Dos cincuenta y cinco a los cincuenta y pico no está nada mal. Y además es primo de Rafa Usó y alcriero de cuna.
Muchas felicidades a todos los Amics del Clot, y en particular a los heroes de la batalla, por haber acabado entre dos y cuatro horas una carrera tan mítica.
Si además habeis acabado de leer esta parrafada ya os podéis acostar a gusto.

FDO: Damián Oliver Benlloch.

Burriana, 10 de Diciembre del año del señor de Dos mil doce.



jueves, 23 de agosto de 2012

La forja de un campeón.

Un día muy importante para un padre es contemplar como uno de tus hijos se coloca en la senda que tu has seguido desde muy joven.
Un día en el que el comienzo del camino parece verse de repente con suma claridad.
En una carrera infantil de verano como es la Volta al Clot.
Coger de la mano a tu hijo de cinco años para guiarlo hacia el recorrido de la prueba, antes de dar comienzo la competición, es un gustazo que solamente se puede sentir si eres Padre.
Yo se que esa tarde calurosa de agosto, diecinueve para mas señas del corriente año de 2012, quedará en mi memoria como un rito iniciativo hacia el atletismo de mi hijo Quique.
Lo que sucedió en la carrera fue bueno, muy bueno.Con final feliz. Sin trofeo pero con gran esperanza. Las formas fueron de gran corredor, de buen estratega, de mejor finalizador.
Esa zancada final sobre el asfalto de un cuerpecito tan pequeño como esforzado me iluminó para pensar que van a ser muchas más las tardes de gloria.
Solamente es un gran presagio... pero de un gran ojeador.
Al tiempo...

jueves, 16 de agosto de 2012

Gonalgia y maraton

Los años pasan y con ellos los kilómetros. El corredor de a pie no cede en su huida hacia ninguna parte.
Mientras las articulaciones se resienten. Quieren reivindicar su derecho a huelga. Su dueño es cabezón y se empeña en darle machaquito.
En la mente más metas, más glorias efímeras. Otro maratón; el de Valencia en Noviembre. Posiblemente el de París en Abril.
Sin pedir permiso a mis rodillas que se resienten.
El plan de machaque ya ha comenzado con el tórrido calor de agosto.
Empieza suave, pero con el caer de las hojas se irán incrementando las cargas kilométricas y las intensidades en los ritmos, las repeticiones y los sufrimientos del invierno, acrecentados por el frío y la falta de luz.
Y todo esto, para qué? Para demostrarme que sigo existiendo, que sigo luchando.
Que puedo sentir un poquito de dolor y algo de sufrimiento del paciente sin consuelo que acude a mi para mojarle sus labios en las puertas del infierno.
El tiempo dictara sentencia, mientras sigo corriendo y sigue doliendo.
"A partir de los cuarenta no correrás sin dolor"- dicen los sabios populares del asfalto. Razón llevan, pero...hasta cuando?




viernes, 15 de junio de 2012

Tarde o temprano.

Estoy aquí... Tarde o temprano  volveré.
Tengo pocas noticias que contar. Más bien parece que la vida sigue su marcha implacable hacia la madurez, no hay opción de parar. Poca de mirar hacia atrás. El camino se hace estrecho. Cada vez caben menos en la senda. Algunos se cansan, otros enferman. Otros cambian de dirección. Otros ya no sé...
Y mientrás la sabia joven crece inagotable hacia el sol luminoso de la existencia incierta.